En la edición anterior del boletín entrevistamos al director del Liceo Bicentenario de Molina, Dan Contreras, quien nos contó sobre un nuevo sistema de evaluación para cuartos medios que se estrenaría este año, cuyo foco está puesto en la autoevaluación que hace el propio estudiante acerca de su proceso.

Quisimos profundizar un poco en esta innovación y para eso conversamos con Daniel Pardo, Jefe de UTP y Coordinador de Especialistas, con quien abordamos algunos aspectos de la creación de esta modalidad de evaluación, la implementación, la respuesta de los estudiantes, entre otros temas.

Daniel Pardo

¿Cómo surgió la idea y en qué consiste?

Nace de la necesidad de considerar otros aspectos en la evaluación de los estudiantes más allá del logro académico. Creo que el sistema educativo chileno da poca importancia a otros aspectos, como, por ejemplo, el crecimiento valórico o la trayectoria del estudiante. Tampoco considera el contexto en donde el estudiante vive. Hay que considerar que este año el contexto se agravó. El estudiante que vivía en pobreza, el que vivía con algunas carencias o las casas donde hay violencia física, emocional, o en el caso de estudiantes que no tienen su espacio para trabajar vieron que esas condiciones empeoraron.  Su contexto, que ya era complicado se agravó.

Creo que nos vimos en la necesidad de considerar esto. Antes, en la modalidad presencial, también lo consideramos, pero este año ha tenido una implicancia más grande.

Surgiendo esa necesidad comenzamos a idear, a generar cosas y por ahí empieza a aparecer poco a poco la idea de la autoevaluación. Básicamente, lo que nosotros proponemos es un sistema de evaluación que se basa en la autoevaluación del estudiante, donde hay un par de preguntas por cada área de estudio. Dividimos tres áreas. La primera es Humanidades que considera educación ciudadana, filosofía y psicología; la otra es Lengua, donde tenemos lengua y literatura, además de inglés; la otra, que se evaluará a fines de noviembre, es ciencias exactas, en donde combinamos ciencias para la ciudadanía y matemáticas.

Volviendo a la mecánica del sistema, el estudiante evalúa cómo fue su performance durante este año, basado en algunas preguntas como: Considerando el contexto, ¿Te parece que aprendiste? O ¿Tu comunicación con el especialista o con el tutor fue fluida? Independiente de que haya tenido la conexión o no. Basado en esas preguntas el estudiante va respondiendo y va poniéndose notas, porque finalmente en cuarto medio tenemos que llegar a una calificación, tenemos que llegar a un número.

Es lamentable porque finalmente el número no va a reflejar todo y es lo que nosotros finalmente tenemos que poner en el SIGE, los chiquillos necesitan un NEM y tenemos que llegar a ese número, pero para llegar a ese número tratamos de que, a través de esta medida, sea lo más justo posible considerando los aspectos que antes mencionaba. Una vez que el estudiante ha entregado su autoevaluación la debe remitir a un correo electrónico que hemos destinado para esta función. Luego se realiza una entrevista con el estudiante. El estudiante va a tener tres entrevistas, una por cada área.

¿Quién realiza la entrevista?

La hace una Comisión Evaluadora Mixta, la CEM, sigla que ya se hizo bien conocida en el liceo. La CEM llama al estudiante, por ejemplo, ya terminamos la de Humanidades. La CEM cita al estudiante por una entrevista remota y se le dice su nota al estudiante, la nota que aparece en su autoevaluación, que ya de antemano los especialistas, los tutores, la profesora acompañante que está en esta comisión y una persona del equipo de coordinación conocen. Por ejemplo, si el estudiante se puso un 7 en el área de humanidades, él o ella tiene que defender esa nota. Tiene que argumentar por qué cree que se merece esa evaluación. El estudiante trata de explayarse y a través de esta oralidad uno trata de que salgan aspectos únicos que uno no puede poner en el papel. El estudiante puede contar cosas que no sabíamos, contextos que no se conocían. Por ejemplo, hay muchos chicos de cuartos medios que les ha tocado transformarse en los papás o mamás de sus hermanos chicos. Las escuelas están cerradas y los papás tienen que seguir trabajando. Ellos eran estudiantes buenísimos hasta tercero medio, pero que este año no han podido cumplir a cabalidad con su proceso educativo.

Entonces, el estudiante defiende su nota y la argumenta. Luego se lo pone en una salita, Zoom entrega esta posibilidad. Los especialistas, junto con su tutor o tutora, el profesor acompañante y el integrante de coordinación o del equipo PIE, en los casos que corresponda, discuten la nota y los argumentos del estudiante. Se ha dado mucho que hay estudiantes muy buenos, que han respondido muy bien y que se han puesto notas muy bajas. Se han puesto 4 o 5, y los especialistas tienen una mirada mucho mejor que eso. Luego de que este grupo de profesionales realiza el análisis, se integra nuevamente al estudiante y se le comunica la nota que se ha acordado. Se le pregunta si está de acuerdo o no, o se le confirma la nota que él proponía en su autoevaluación. De no estar de acuerdo el estudiante, se saca un promedio entre la propuesta de los especialistas y la del mismo estudiante.

En entrevista con el director, él nos contaba que la nota propuesta por el estudiante nunca se baja, se respeta, pero ahora tú nos cuentas que la comisión puede modificar esa nota. ¿Eso significa que la comisión puede subir la nota?

Así es.

¿Bajarla no?

No, de preferencia no. Ha habido un caso de los 70 estudiantes que fueron evaluados en humanidades. Él faltó a la verdad de forma muy grosera y ahí vamos a tomar otras medidas. De hecho, vamos a tener una reunión con ese estudiante. Se le va a dar otra oportunidad, se le comunicó, porque estábamos bien tentados en bajar la nota. El muchacho se estaba poniendo 6,7 en las áreas. Nosotros sabemos que aun teniendo todas las condiciones a su favor no hizo nada durante el semestre. Uno, como profesional, y lo especialistas también se ven bien tentados a bajar la nota, pero vamos a ver qué hacemos. Pero un estudiante de un universo de 70 es un porcentaje muy bajo.

Cuando nos pusimos de acuerdo en hacer esto, siempre fue teniendo en cuenta de que esta generación ha sido muy golpeada. Le tocaron paros, el estallido social, que acá en Molina y Curicó igual se sintió, estuvo fuerte. Esta generación vivió en pandemia su último año, que creo que es el más lindo. Entonces, nos pusimos de acuerdo y llegamos a la conclusión de que no podemos castigar a los chiquillos aún más, considerando el contexto en el que vive la mayoría, que es de clase media baja, pobre, donde las condiciones no están para estudiar y aun así hay estudiantes que han cumplido.  Cuando lo definimos, siempre pensamos que la evaluación iba a ser en positivo, tratando de tirar para arriba a los estudiantes. Con argumentos eso sí. Por eso se formó esta comisión.

¿Cuáles son los problemas que identificaron?

El primero sería el estudiante que te comenté. El otro sería la entrada de estudiantes que ingresaron el segundo semestre de 2019 y el primero de este año. Son estudiantes que logramos conocer muy poco o casi no conocer. Aquí va otro aspecto de este sistema que es la trayectoria. Cuando no logramos encontrar evidencia de que el estudiante trabajó este año, nos vamos a la trayectoria. Porque como te decía, hay algunos que ingresaron al liceo desde séptimo y que, hasta tercero medio, fueron muy buenos estudiantes, a pesar de sus carencias y de sus condiciones, pero que este año decayeron.

Esto con todas las justificaciones del mundo. Hay problemas en esas casas, nos dimos cuenta de que el Liceo Bicentenario de Molina era un espacio seguro para ellos, era el especio donde ellos podían estar tranquilos, donde podían contar con una mesa, con un computador, un escritorio y con los materiales para estudiar. Por ejemplo, en la ubicación anterior del liceo, el edificio de los contenedores, con todas sus mediocridades y carencias, era un espacio acogedor y donde los chicos se sentían mejor que en la casa.

¿Cómo lo resolvieron lo del seguimiento de la trayectoria en los casos que mencionas?

Entonces, tenemos a estos estudiantes que no conocíamos y vamos a ver sus notas anteriores. Incluso llegamos a ahondar y preguntar a otros colegios donde estuvieron antes, al Colegio Cordillera, al Colegio Henry Cetty, de donde venían estos chicos antes.

Lo más fácil era ir al SIGE y sacar las notas de ellos, cuando hubo dudas llegamos a recabar información de otros colegios.  Ha sido un trabajo muy denso, muy desgastante, pero creo que todos los especialistas coinciden, y lo que nuestros estudiantes les informan luego de pasar por esta entrevista, es solo agradecimiento. Hemos coincidido en que esto ha sido para nosotros un crecimiento personal y profesional. Creo que dimos un salto y que esta metodología que estamos usando en la evaluación va a quedar sí o sí. Esto queda. Nuestra preocupación es cómo lo bajamos desde tercero a séptimo, teniendo solo 32 especialistas. La principal preocupación es cómo hacer que nuestros más de 400 estudiantes pasen por esta comisión.

A pesar de que nos ha ido muy bien, este sistema tiene un desgaste muy grande para los equipos. Para los otros UTP, para los otros directores, es un tema a considerar.

¿Este sistema de evaluación cumplió con sus expectativas?

Totalmente.

Me cuentas que este sistema quedará como una práctica ¿Cómo lo bajarán a los otros cursos?

Estamos en eso, tirando líneas como diría el maestro, porque pensamos que tiene que ir en sintonía con la metodología de enseñanza que para nosotros es Serf.  Estamos seguros de que esto funciona. Es un sistema rico, pedagógicamente es alentador para el profesional, para el especialista y para el estudiante, pero la mecánica es la que tenemos que resolver y pensamos que tiene que ver con la forma de trabajar los temas. Creemos que si los chicos, después de resolver sus temas, con la ruta del aprendizaje y todo, pasar al desarrollo de un proyecto, pero de un proyecto en grupo, con eso ya no tendrías en un curso 35 entrevistas, sino que 6 o 7. De esa forma, podríamos ir resolviendo la mecánica para poder alcanzarlos a todos, porque jamás vamos a poder pasar por esta entrevista a los 400 estudiantes, nunca.

¿Cómo ha sido la respuesta de los estudiantes?

Con nerviosismo antes, porque hubo un ejercicio de difusión de este mecanismo.  Salieron las fechas y horarios en los que se iba a hacer la reunión y hubo mucho nerviosismo. Los chicos entregando sus últimos temas…

Creo que la pregunta que siempre nos llegaba, no directamente a mí, pero les llegaba a los especialistas, a los tutores y a los profes acompañantes era: “¿De verdad yo me voy a poner la nota?”. Por eso digo que es un ejercicio que no se hace, que es secundario en nuestro sistema, pero que es un ejercicio bastante enriquecedor para el estudiante, para el especialista y creo que si estamos apuntando en Serf al logro de la autonomía del estudiante y creo que este es el punto. No digo que esta es la papita, pero sí creo que este es uno de los ejercicios que podría empujar a los estudiantes al logro de la autonomía. ¿Qué hubiese pasado si estos estudiantes de cuarto medio hubiesen tenido este ejercicio en séptimo o más chicos en sus colegios? Porque se hacían, alguna vez como especialista de inglés o como profesor de esa área, o los especialistas de historia, incluían la autoevaluación, pero era como parte de otra evaluación.  Era como parte de un proyecto, como parte de la finalización de un tema, pero nunca había sido utilizado como este recurso. Nunca se les había indicado a los estudiantes que en una instancia como ésta íbamos “a ver tu nota final”. Eso es lo que los estudiantes no entendían, porque estando en la entrevista algunos preguntaban: “¿Ésa va a ser mi nota final? ¿Con esa nota voy a quedar?”.  Algunos estaban todavía incrédulos.

Ahora que ya pasaron humanidades ¿Entendieron cuál es la dinámica?

Sí. Ya entendieron la dinámica y puedo decir que fue un ejercicio que resultó tal cual como lo habíamos pensado. Creo que por eso estamos tan contentos. Como jefe de UTP y Coordinador de Especialistas yo les alcancé a hacer clases a estos estudiantes que están en cuarto medio y creo que las entrevistas fueron la oportunidad de decirles, incluso, que les tenía mucho cariño, que los recordaba, que siempre los iba a recordar, que siguieran luchando. Es la oportunidad para recordarles todo lo que les quisiste decir presencialmente y que, porque no nos daba el tiempo o porque en clases siempre estamos muy ocupados, no se los dijiste.

Ahora fue la oportunidad, creo que también es porque ahora valoramos más el contacto humano. En mi caso, y en el de otros especialistas, nos atrevimos a decirlo. Y les dábamos consejos de vida, valóricos, veíamos la evolución en las vidas de los estudiantes. Por ejemplo, la profesora Marcela y otros especialistas, el mismo director que participó de estas entrevistas, que también les hizo clases a estos chicos, los vio en séptimo y también vio su evolución. Podíamos hablar con toda seguridad de su proceso, ahí estaba esa oportunidad. Por eso digo que lamentablemente les teníamos que poner un número, porque era casi ensuciar ese proceso con el número.  Pudimos haberlo hecho sin el número, pero es parte de lo que hay que hacer.

¿Han hecho alguna evaluación con las familias?

Muy vaga. Por lo que los papás se comunican con los tutores y especialistas están muy agradecidos. No hemos sabido de cada uno de los padres de los estudiantes que han pasado por la entrevista, pero de manera informal, sabemos que se han comunicado telefónicamente con los especialistas y tutores y que hay una buena evaluación por parte de ellos, que también no sabían cómo iba a funcionar.

¿Cómo crees que concluirá este proceso?

Creo que todavía pueden surgir nuevas cosas. Nos queda un poco más de un mes de entrevistas, nos falta todavía Lenguas y Ciencias Exactas y tenemos que ver qué pasa, tenemos que ver cómo sigue.

La verdad es que tengo mis miedos, que están relacionados con el equipo. Es una experiencia extraordinaria, pero requiere que el especialista esté pegado al computador desde las 09:00 de la mañana hasta las 17:00 o 18:00 horas. Ese miedo tiene que ver con el desgaste del equipo.

Vamos muy bien y estamos muy felices, pero tenemos que ver lo que pasa en tres o cuatro semanas más. Es un desafío, pero son un equipo muy comprometido. Me saco el sombrero ante mis compañeros de trabajo y, sea como sea que terminemos, siempre voy a estar muy agradecido de la entrega de cada uno de ellos.

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