"Sin duda el desarrollo de la reflexión que se logra en los estudiantes tiene que ver con el sistema y creo que esta pandemia lo demuestra mucho más que cualquier estudio que haya hecho alguna universidad o que vaya a hacer alguna universidad. Creo que sistematizar este contexto más adelante, cuando salgamos de esto, va a ser la prueba fehaciente de que el sistema es más aporte que cualquier otro. Esto, por lo menos comparándolo con el sistema tradicional que es el imperante".

El 2018 el Liceo Bicentenario de Molina se transformó en el primer recinto educacional en autorizarse en Serf. Este importante hito se concretó luego de un proceso de instalación del sistema que comenzó el 2012, concluyendo con éxito en diciembre de 2017, fecha en la que evidenció un alto grado de cumplimiento en todos los estándares del sistema. A dos años de este hito, conversamos con su director Dan Contreras sobre este período y el impacto que ha tenido el Covid-19 en sus prácticas educativas.

¿Cómo ha sido este 2020 para el Liceo Bicentenario de Molina?

Ha sido bien complejo porque el teletrabajo no es tan sencillo como lo veía uno de afuera. Involucra mucho desgaste, tanto para los profesores como para uno que hace un trabajo más administrativo. Uno se da cuenta del desgaste físico, energético, no es lo mismo estar en tu espacio de trabajo que en tu hogar. A pesar de que al estar en la casa hay varias cosas positivas como estar más con la familia, como lo es por ejemplo en mi caso, pero en cuanto a espacio de concentración todo es mucho más lento.

Dan Contreras, Director del Liceo Bicentenario de Molina

¿De lo anterior podríamos señalar que en el área de educación la carga laboral aumentó en esta modalidad?

Si yo estuviera haciendo clases ahora, estaría vuelto mono. Sobre todo, cuando el equipo está conformado por profesores que son proactivos. Si no te complicas mucho no es tan complicado. Dejas que te llegue el feedback o la respuesta de los estudiantes y listo. Pero acá los profesores buscan a los estudiantes, los llaman fuera de horario o, por ejemplo, en la noche se comunican con ellos. Su horario de trabajo se volvió algo bien inestable, poco preciso.

Tú puedes ser “Especialista en línea”, que es una clase de consulta que hacen los profes. La puedes programar a las 9 de la mañana y no llega ningún estudiante, pero si la misma actividad la programas a las 4 de la tarde, están todos. Entonces, debes barajar si agendas la clase a las 4 de la tarde y que estén los estudiantes o en la mañana y que no haya consultas de nadie porque no hay nadie. Este tipo de situaciones ha hecho que los especialistas estén trabajando el fin de semana. Soy yo el que les dice que no lo hagan, que ellos tienen un horario. El negrero no soy yo (jajaja) es la vocación y las ganas de hacer las cosas.

Integrantes del equipo directivo del Liceo Bicentenario de Molina en Jornada Serf, año 2018.

Considerando lo anterior, ¿Cómo evalúas el compromiso de tu equipo?

Es buenísimo. No tengo nada malo que decir. Además, son todos de una preocupación por el estudiante que el mismo sistema Serf alienta. Creo que es una de las ventajas. Serf nos dio una base que nos permitió enfrentar este contexto (pandemia) de una mejor manera. Esto por las prácticas que ya teníamos en el colegio, como por ejemplo el seguimiento que hay hacia el estudiante, desde los mismos tutores, tutoras, o desde los especialistas. El sistema nos permitió replicar eso, pero claro, ahora a distancia, con la complejidad del contexto familiar del estudiante, que ya no es una referencia.

Ceremonia de inauguración del nuevo edificio del Liceo Bicentenario de Molina, año 2019

¿Cómo es eso, cómo lo enfrentan?

Cuando los chiquillos están en el colegio el contexto familiar es una referencia, pero ahora no es una referencia, sino que pasa a ser un elemento concreto en el aprendizaje del estudiante. No pasa como antes, que un estudiante tenía un mal contexto familiar, pero se respaldaba y se protegía en la escuela. Se sentía bien ahí. Se sentía querido. Acá no. Todo el aprendizaje se fue a su espacio familiar y esa es una de las mayores complejidades que tenemos.

Tuvimos una jornada de reflexión con los estudiantes, y nos dimos cuenta de que muchos de ellos, estaban pidiendo cosas que para uno es solo tino y criterio, pero que efectivamente carecen en algunos espacios familiares. Te hablo de: “Me gustaría que mi familia bajara la música cuando estoy estudiando” o que “Mi hermano pequeño, si pudieran verlo mientras estoy estudiado”. Es bien complicado todo en ese sentido, porque la escuela se ha trasladado a la casa y no es un espacio que nosotros dominemos.

También eso ha generado impotencia y frustración en el equipo en cierto momento. Realizamos un trabajo de contención emocional que se amplió, pero también hay un espacio que es tierra de nadie, un espacio que tú no dominas, porque estando en el colegio puedes estar todo el día con el estudiante intentando contenerlo, pero cuando estás en un espacio en el que no puedes llegar, que no te contesta el teléfono y que no te contesta no por desinterés, sino que porque de verdad esto lo tiene en el suelo. Ni todas las ganas de contener logran sostener al estudiante, porque hay una tierra de nadie que debería ser de una contención familiar y muchas veces no existe. Entonces, el niño, la niña, está muchas veces literalmente solo.

¿Estar ubicados en Molina, una comuna rural y territorialmente muy amplia, influye en temas de conectividad y comunicación?

Sí. Tenemos estudiantes a los que les vamos a dejar los temas y el material impreso porque la conectividad de Internet y del teléfono es mala. En algunos casos viven en la precordillera, entonces dejamos en el retén de carabineros el material y la familia va una vez a la semana a hacer retiro, o carabineros lo va a dejar a la casa de la estudiante. Es un caso bien particular, pero tenemos como 20 estudiantes con problemas de conectividad o con problemas de comunicación con ellos. Es un problema de contexto geográfico más que de la preocupación de la familia.

Coincide también que muchas veces las personas en un contexto rural son las que más necesidades tienen en cuanto a aprendizaje. Muchos están en un programa de integración, que pertenece a esa localidad, que no tienen una buena base porque la escuela rural de donde venían cumplía otro rol, no el de generar metodologías de aprendizaje. Te encuentras con elementos que siempre han existido, pero que uno estando en el colegio y con los estudiantes en el colegio, los podía manejar mejor y generar estrategias que fueran más efectivas, pero con esta pandemia y bajo este contexto, se generan espacios a los que tú no puedes llegar y que no puedes hacer nada, tú solamente lo ves. Y, como te decía, en algunos casos a los especialistas les ha generado frustración y una labor, por lo menos mía, ha sido ésa, levantar el ánimo, decir: “Oye, estamos haciendo lo que podemos. No estamos quedando en casa acostados o preocupándonos solamente de nosotros”. Tuvimos un profesor con coronavirus, el único caso directo que hemos tenido, se recuperó, pero cuando hablé con él le tuve que pedir que detuviera las citas de seguimiento, que nosotros les íbamos a explicar a los apoderados, que se preocupara de él. A los 4 días estaba nuevamente llamando a los estudiantes. Eso demuestra que es un equipo muy comprometido.

Ceremonia de Autorización en Serf del Liceo Bicentenario de Molina

Serf: A dos años de la autorización


¿Qué evaluación harías tú como director y qué retroalimentación has recibido de tu equipo, en relación a estos años que llevan autorizados en Serf y qué herramientas les ha entregado el sistema para enfrentar esta situación?

En este contexto creo que nos ha dado una tremenda lección sobre la importancia de la emocionalidad de los estudiantes en un sistema educativo. Esa importancia no está explícita en el Sistema Serf, sino que más bien habla de procesos, de una muy buena comunicación y de un muy buen trato que hay que tener con el estudiante. Se habla también de la confianza, que se logra finalmente con esa buena comunicación, con una buena acogida, pero no hay un trabajo explícito o sistematizado que involucre esta realidad o la educación emocional en el proceso de aprendizaje en Serf.

Eso es muy interesante, pero si no logramos una educación socioemocional, claramente el sistema el sistema se vuelve frágil pensando solo en un proceso de enseñanza y aprendizaje. Creo que por un lado está esa reflexión, que tampoco es compleja.

El ¿Cómo estás? que es una pregunta que uno no encuentra en los manuales, en los protocolos Serf. Hay que preguntarles cómo se sienten, cómo están sus familias, preguntas que están relacionadas a su estado interno, emocional, porque nos dimos cuenta de que es la base. Vamos a funcionar así ahora y por la pandemia viene el desagüe de los traumas también. Cuando volvamos a clases van a aparecer los post traumas y tendremos que ver formas nuevas para enfrentarlos.
Desde la certificación, la pandemia ha significado una pausa de reflexión, de pensar nuevas estrategias que se han creado rápidamente. Diría estas reflexiones que partieron en marzo se han alimentado con el tiempo y con los meses.
Creo que actuamos bastante rápido: A mediados de marzo se nos indica que no había más clases presenciales y esa misma semana estábamos elaborando acciones sobre cómo seguir trabajando.

Alejándonos un poco de la pandemia: ¿Cómo ha sido vivir la autorización en el liceo?

La certificación y el tiempo que ha pasado nos ha significado una constante revisión, y así lo ha entendido el equipo de dirección, pero también los profesores y especialistas. En educación tienes que ser crítico y autocrítico de una manera constante, estás trabajando con generaciones que están cambiando permanentemente, porque la estrategia que funcionó hace 5 años atrás, que puede estar muy apegada al Sistema Serf, en 5 años más no sirve. Es un equipo que vive el revisionismo constantemente y que ha mutado. Lo bonito, y era uno de los temores, es que siempre ha mutado dentro del marco Serf, nunca ha existido una mutación que hable de otro sistema o de volver al sistema tradicional.

Hay cosas que ya están ancladas. Ahora, sobre todo con la pandemia, ha quedado más a la luz que este sistema nos puede brindar herramientas prácticas y reales de apoyo a la enseñanza y al aprendizaje de los estudiantes.

En qué se puede reflejar la reflexión anterior: En llevar a todo espacio Serf. Cuando digo a todo espacio, no me refiero solamente a la práctica pedagógica, de sala, sino que salir de la sala, llevando Serf a la gestión, llevando Serf al programa PIE (Programa de Integración Escolar). Bueno, las tutorías son un elemento que pasa a ser propio de Serf, pero tratando de llevar a todas las instancias, con todos los estamentos.

¿Por qué hablo de gestión? Porque si bien existe un plan de gestión de Serf, ese plan de gestión no involucra procesos. Nuestra reflexión ha sido que, si funciona la ruta del aprendizaje, una ruta de comunicación dinámica. Esa ruta dinámica también la podemos llevar a otras instancias. Por ejemplo, a las reuniones de consejo de profesores, por qué no llevarla también a los casos de convivencia, por qué no llevarla al PIE y que tome los elementos Serf y que los adapte a los programas traídos desde el Ministerio. Me refiero a ese proceso de ajustar y ver qué elementos pedagógicos llevar a otras instancias que no se consideran pedagógicas.

Ha sido un interesante camino porque te das cuenta de que muchas veces todos actuamos como los estudiantes. Un consejo de profesores tú lo puedes asimilar a una reunión de apoderados en algún momento o a un consejo de curso. Los procesos o la manera de trabajar un tema perfectamente uno los podría llevar a través de una ruta, pensando desde la exploración y el conocimiento previo a investigar sobre esa temática, a tratar de complejizarla y luego llegar a una sustentación, con esa misma ruta uno puede trabajar con un área pedagógica o de gestión.

Se entiende que esas transformaciones puedan tener mejor cabida en el equipo del liceo, pero ¿cómo pueden llegar a los apoderados que son el estamento más alejado del sistema?

Efectivamente, con los apoderados, especialmente con los apoderados nuevos, hay una dificultad en la compresión del sistema. Hay un cambio de paradigma en el sentido de que con Serf al estudiante no se le entrega la información, sino que él es el dueño del conocimiento y de la manera de buscar ese conocer o de bien ver cómo se conoce. Ahí estamos al debe porque si bien les hacemos una inducción, mi estrategia era usar los consejos escolares donde se reúnen todos los estamentos, y enfocar ahí este trabajo en el apoderado, realizar mesas de trabajo para resolver las dudas, como para también acoger las propuestas que pudieran surgir de ellos, que creo tienen mucho que decir bajo este sistema.

Este año hicimos un consejo en forma virtual, pero hay un problema de conectividad y de conocimiento de la utilización de las plataformas que suma una dificultad. Para ellos es nuevo. Para uno también lo fue, no estábamos acostumbrados a usar Skype, Meet o todas estas plataformas de comunicación. Para algunas familias es como chino mandarín tener que aprender esto.

¿Qué competencias específicas apunta a desarrollar Serf tanto de estudiantes, como desde el equipo profesional para que puedan afrontar esta situación de educación a distancia?

Creo que la autonomía, que es la columna vertebral de Serf. La búsqueda de autonomía o de desarrollar la autonomía. Pero ojo, no solamente en los estudiantes, la autonomía también en los especialistas y en los trabajadores del liceo, por eso te decía que lo que se vive en sala se puede trasladar también a los otros estamentos, porque uno encuentra las mismas debilidades o flaquezas en ese sentido.

El desarrollo de la autonomía sin duda ha sido importante, porque al no tener control sobre el contexto la acción queda en manos del sujeto. En ese sentido, por ejemplo, queda a manos del estudiante si quiere dormir hasta las 12 del día o si se va a conectar a las 11 de la mañana. ¿Por qué? Porque los papás están trabajando. Las familias están trabajando. Están en un contexto que es físicamente aislado y que la decisión pasa principalmente por ellos. Ya no está el tutor, ya no está el especialista al lado de ellos, físicamente hablando.

Diría que es una carencia, pero que también es una competencia que nos ha servido como respaldo en este contexto. Lo digo de esas dos maneras, bien dual, porque si bien en algunos casos es nuestro objetivo, en otros casos sí está desarrollada. Ya está esa competencia. Entonces, sí te encuentras con estudiantes que, de una manera muy autónoma, responsable, se involucran en su aprendizaje y entienden que esto los puede perjudicar a ellos solamente y que tienen que preocuparse de su devenir, de su futuro. Por eso lo veo así, como un objetivo, pero también como una competencia que nos ha servido para enfrentar esta pandemia.

Diría que una de las competencias, si lo vemos así, es la crítica. El pensamiento crítico, pero ya no solo criticando un contexto social, sino que también mi propio contexto. Más que la crítica, quizás la reflexión y autorreflexión, me parece que es una habilidad que buscamos o que se busca dentro de las habilidades del siglo XXI.

Creo que hemos logrado instalar, sobre todo generando varias instancias de conversación con los estudiantes, que esta pausa es también una instancia de reflexión sobre qué están haciendo, de lo que han hecho y de lo que quieren hacer. Eso muy ligado a la educación emocional, que como te comentaba no está explícito en Serf y creo que es un elemento importante.

Nos encontramos con estudiantes que están mucho más reflexivos y por tanto más conscientes de lo que hacen, sobre todo los más grandes. Eso creo que demuestra un proceso, desde un estudiante de 12 años que entra al liceo a uno de 17, que vive un proceso de reflexión y autonomía que le permite hacerse responsable desde la singularidad de su actuar y, claro, la reflexión más profunda se logra con los más grandes en donde se dan cuenta y dicen: “No sé qué hacer en estos momentos, estoy encerrado y echo de menos a mi gente, a mis amigos que estaban en el colegio y yo antes nunca me preocupé de esa amistad, porque siempre estaban ahí. Quiero salir de acá y lo único que quiero es abrazarlos”. Esas reflexiones que vienen desde el plano emocional o hasta decir: “Yo nunca de verdad me preocupé sobre cómo estudiar, sobre cómo hacerlo solo y ahora que estoy solo o sola, tengo que…” es como casi aprender a estar solo bajo un contenido, bajo la necesidad de desarrollar una actividad, una investigación. Y son cosas que deben hacer porque quieren seguir estudiando.

En esa situación podríamos decir que un tema que tiene que ver con el desarrollo propio del ser humano, a los 12 años tienes menos herramientas que a los 17, pero además coincide con que los chicos que están en 3° o 4° medio llevan más tiempo en el sistema Serf ¿crees que influye eso también?

Absolutamente. En un contexto más normal, más tranquilo, se nota con el contacto con otros estudiantes de la comuna.

Pero también pensemos que a los 17 años se espera una estabilidad interna quizás, o concretar tal vez desafíos u objetivos, pero también nos encontramos con generaciones que, pasando por la globalización y el mercado, se han transformado en verdaderos sujetos zombis, donde la capacidad de decisión o de proyectarse hacia el futuro está en lo que dura prendida la pantalla. Eso juega muy en contra del sujeto autónomo. Se transforman en individualistas que viven más instantáneamente el momento, pero esta pandemia hizo que los más grandes se dieran cuenta de cómo estaban viviendo y esa reflexión la permite Serf.
No es un tema generacional solamente. Si bien, esta situación también la vive el estudiante de otro colegio, con otro sistema o con el sistema tradicional, las herramientas o las instancias de reflexión sí las genera Serf.

Sí las genera Serf, porque, además, nos dimos cuenta de que generamos un bombardeo comunicacional para el estudiante, un bombardeo en el sentido positivo, es un bombardeo que rodea al estudiante. En términos prácticos: Lo llama el especialista, lo llama el tutor, dependiendo del caso, llama el equipo de integración. El equipo de integración a veces abarca a todo el curso, no porque todos estén en el programa, sino porque es un especialista más que ha generado lazos de confianza, que a veces llegan a todo el curso.

Entonces, te llama tu tutor, te llama tu profesor acompañante de curso, el profesor jefe, te llama el especialista, pero te llaman de todas las especialidades. O sea, te están llamando, 7, 10 o 13 personas que te están diciendo: “Estoy preocupado por ti y quiero saber cómo estás”.   Y eso no está en el sistema tradicional. No es solo voluntariedad, son los parámetros que nos ha puesto Serf al señalarnos cómo debe funcionar en un sistema educativo, porque es lo que se hace en clases.

Ahora no están los horarios del modo presencial, pero en el horario de lenguaje está el especialista de lenguaje, que tiene una cita de seguimiento con el estudiante, que tiene una cita de promoción. Está la hora de historia y hace lo mismo el profesor de historia. El tutor también tiene una cita con el estudiante. Entonces, todas estas prácticas, que vienen de Serf, las llevamos a lo no presencial y pareciera ser una protección o sobreprotección al estudiante, pero son herramientas que fueron marcadas por el sistema, no se ha tenido  que convencer a ningún especialista para que llame a un estudiante, sino que está naturalizado, debe existir esa comunicación.

De lo que hay que preocuparse es que esa comunicación sea desde el cariño y preocuparse de la emocionalidad del estudiante, que ahí nos dimos cuenta de que hay que meterle cariño al sistema, que hay que generar educación emocional. Así tal cual, que en tutorías exista tal vez un sub departamento que esté preocupado de elaborar estrategias de educación emocional.

Sin duda el desarrollo de la reflexión que se logra en los estudiantes tiene que ver con el sistema y creo que esta pandemia lo demuestra mucho más que cualquier estudio que haya hecho alguna universidad o que vaya a hacer alguna universidad. Creo que sistematizar este contexto más adelante, cuando salgamos de esto, va a ser la prueba fehaciente de que el sistema es más aporte que cualquier otro. Esto, por lo menos comparándolo con el sistema tradicional  que es el imperante.

Estudiantes del Liceo Bicentenario de Molina

Innovación al momento de evaluar a los cuartos medios

Desde el Liceo se han cuestionado la forma de evaluar a los estudiantes, especialmente a los de cuarto medio. “Creo que es uno de los temas más complejos de abordar en educación. Estamos hablando de evaluaciones cualitativas en los estudiantes y específicamente en el caso los de último año, pensando en que ellos necesitan nota. Una nota final producto del ranking y del NEM, lo que supone una contradicción tremenda con el decreto de evaluación del 2018, que es el decreto 67, pero existe y mientras sea así tenemos que hacernos responsables”.

¿En qué consiste este cambio en la forma de evaluarlos?

Es un tema en el que venimos trabajando desde hace algún tiempo. Tuvimos recientemente una reunión con los especialistas de cuarto y acordamos que se van a hacer comisiones donde participará el tutor, el profesor acompañante de curso, el especialista PIE y el profesor especialista de asignatura. Son comisiones evaluadoras, en las que participarán los estudiantes de manera individual y se realizarán por área de trabajo. Por ejemplo, en humanidades va a estar el especialista de historia con el de filosofía; en el área de ciencias exactas, matemáticas y ciencias; está también lenguas con los especialistas de lenguaje e inglés.

Van a estar esos especialistas, pero la importancia es que la evaluación va a estar en manos de estudiante. Ya no decide el adulto, sino que decide el mismo estudiante con qué nota va a calificar su evaluación, es decir, qué nota se va a colocar.

A partir de esa evaluación, que va a ser con preguntas reflexivas que se le van a formular previamente al estudiante, preguntas orientadas a la autorreflexión, desde ahí el estudiante se va a evaluar. Esto se va a nutrir con la bitácora del estudiante, que es un instrumento nuevo, que consiste en una planilla que está en Drive, donde todos los especialistas llevan un registro. Hay una pestaña por cada estudiante, cualquier acción que se haga con el estudiante o que se intentó hacer, se escribe en esa hoja, en esa hoja de vida. Es un registro de seguimiento, pero está todo y todos podemos ver la información generada por el resto de los especialistas.
Yo, como especialista de historia, puedo mirar y decir: “Esta estudiante no me entregó un tema, cuando tenía que hacerlo”, miro y me doy cuenta al ver el registro de los otros especialistas, que no tiene que ver con mi especialidad, sino que es algo que pasa con el estudiante, que no está respondiendo de buena manera con sus compromisos. Se contrasta esa bitácora, se contrasta también con los registros que pueda tener el especialista respecto del trabajo que tenga el estudiante y esta vez se contrasta con el historial del estudiante. O sea, considerando los otros años. Todo eso en pos de determinar la evaluación, que en ningún momento queda a decisión de los adultos, y eso me parece que es muy importante. La idea es que el estudiante logre la reflexión de su aprendizaje, de su proceso de aprendizaje y que la nota la decida él.

¿Y que sea objetivo en relación a su trayectoria?

Si no es objetivo igual lo dejaríamos porque es parte de su aprendizaje, pero se lo haríamos explícito. Lo retroalimentamos, en el sentido de hacer comentarios. “Sabes, tú no entregaste nada. Llegamos a compromisos que no cumpliste. ¿Mantienes esa postura de un 7?”. Si el estudiante la mantiene lo vamos a respetar porque es una calificación solamente, pero se los vamos a hacer explícito. “Nosotros no estamos de acuerdo contigo porque no corresponde a como…” La decisión la va a tener el estudiante, lo que me parece que es un tremendo paso porque hasta el minuto los que tomamos la decisión, los que enjuiciamos somos los adultos.

Lo otro es que los chicos de cuarto medio no han tenido un acompañamiento físico, desde el contacto, o sea, esta va ser la instancia, aunque va a ser a través de pantalla probablemente. Pero queremos decirles que a pesar de que independientemente de que ellos crean que aprendieron poco o que aprendieron harto, hubo aprendizaje. Esta instancia es aprendizaje, no asociado necesariamente a una asignatura, pero sí hay aprendizaje de vida , de todo lo que viviste hoy y eso tienes que evaluarlo también, porque tú eres el que viviste ese momento, es una experiencia distinta a la que vivimos nosotros o cada uno de sus compañeros o compañeras.

Me parece un acto tremendo, porque se resume en no poner notas. Concluir con una nota para todo el año, evaluar completamente el proceso, el seguimiento que se hicieron los especialistas y, por otro lado, creo que esta práctica se va a quedar. Lo más probable es que sin pandemia, a futuro, vamos a seguir con estas comisiones de evaluación, trabajándolas ya no solo con cuartos medios, sino que llevándola a todos los estudiantes.

Pensando en el futuro: ¿qué otros desafíos vienen?

Creo que uno de los desafíos es lo que hablamos sobre educación emocional.
Otra discusión que tenemos -y en la que están todos los ánimos- es enfocarnos 100% en un proceso de enseñanza y aprendizaje basado en las habilidades o en las competencias y no en los contenidos. Esto no es discusión nueva, es hilo negro, pero sin lugar a dudas han sido conversaciones que se han dado de forma espontánea con los especialistas. Ha sido como “esto tenemos que hacer”, tenemos que transformar el currículum en competencias y generar objetivos integradores, que involucren otros objetivos y no basarnos en contenidos, sino que trabajar en base a habilidades.

Es tremendo desafío, creo que lo podemos hacer, pero también es desafío sobre desafío, porque hay pruebas estandarizadas todavía. Lo más probable es que sigan y sobre todo ahora con la Prueba de Transición en la Admisión a la Educación Superior, cualquier prueba de admisión a la educación superior es de suma importancia, porque finalmente es lo que esperan hacer nuestros estudiantes en el futuro: seguir estudiando.

Al vivir en un contexto socioeconómico complejo, no podemos dejar de hacernos responsables de que ojalá logren buenos puntajes, logren becas, logren beneficios para que puedan estudiar y que no sea un impedimento lo económico.
Esos son los dos grandes desafíos, conseguir un desarrollo de educación emocional, involucrar esto en el sistema, y girar en torno a las competencias y no en cuanto a los contenidos.

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